: Si tienes un registro de tus interacciones, ya sea en un diario, notas en tu teléfono, o correos electrónicos, revisa si hay alguna mención al Señor Letra.

Hace unos días, buscando una vieja libreta en un cajón, encontré una carta escrita a mano. Había una frase tachada. Una palabra escrita sobre otra. Y ahí estaba él: el señor letra. Se había equivocado. Había querido decir "siempre" y escribió "nunca", o quizás quiso ser amable y fue severo.

Desde entonces, las cartas llegan con menos alma y los discursos suenan a hueco. El Señor Letra no se fue por falta de espacio, sino porque el mundo empezó a preferir el ruido al significado. A veces, si guardas silencio frente a una página en blanco, parece que puedes ver el rastro de su tinta: una promesa de que, mientras alguien tenga algo que decir, él seguirá escondido en el siguiente renglón.